Exhibición de Argentina y contundente derrota de Brasil en el Monumental
El seleccionado argentino brindó una demostración futbolística de alto vuelo y superó con autoridad a Brasil por 4 a 1 en un encuentro que quedó grabado en la memoria de los hinchas. Con un juego deslumbrante y una actuación colectiva impecable, el equipo de Lionel Scaloni se impuso con claridad ante un rival desbordado y sin respuestas.
Desde el comienzo, Argentina dominó las acciones con un despliegue de talento y efectividad. En apenas 12 minutos, Julián Álvarez y Enzo Fernández anotaron los primeros dos tantos, reflejando en el marcador la superioridad que ya se palpaba en el campo. El único error de la noche llegó de la mano de Cristian “Cuti” Romero, quien, en un exceso de confianza, perdió la pelota ante Cunha, permitiendo que Brasil descontara. Fue una equivocación aislada en un partido donde la defensa argentina se mostró sólida y sin fisuras.
Un monólogo argentino y la desesperación brasileña
La Albiceleste no solo jugaba bien, sino que también deleitaba con un fútbol vistoso. Desde las tribunas, los hinchas coreaban el clásico “ole”, mientras los jugadores argentinos se adueñaban del partido con una circulación de balón impecable. Brasil, por su parte, apenas generaba peligro a través de Vinicius Jr., quien intentaba desequilibrar por su sector, aunque sin lograr alterar la solidez defensiva argentina.
El tercer gol fue una muestra clara del dinamismo del equipo. Alexis Mac Allister, en una posición inesperada dentro del área, capitalizó una asistencia magistral de Enzo Fernández y definió con precisión para ampliar la ventaja.
En cuanto a las actuaciones individuales, fue difícil elegir a una figura destacada porque todos brillaron. El tándem formado por Nicolás Tagliafico y Thiago Almada fue un tormento para Wesley, quien, condicionado por una tarjeta amarilla, nunca pudo imponer condiciones. Nahuel Molina, a pesar de enfrentar a un rival complicado como Vinicius, también se proyectó en ataque, sumándose a la superioridad argentina.
Brasil, sin respuestas y sometido al juego argentino
El técnico brasileño realizó tres cambios en el entretiempo, lo que evidenciaba la frustración y la falta de respuestas de su equipo. Ortiz, Joao Gomes y Endrick ingresaron en un intento desesperado por cambiar la historia, pero la realidad era inapelable: Brasil no solo estaba perdiendo, sino que sufría una lección de fútbol como hace tiempo no experimentaba.
Y todo esto, sin Lionel Messi. El capitán argentino no fue parte de la alineación inicial, pero el equipo demostró que ha superado la dependencia absoluta de su estrella. La estructura colectiva funciona a la perfección y, cuando Messi está ausente, hay piezas que pueden suplir su ausencia con solvencia.
El broche de oro y una fiesta inolvidable
A los 22 minutos del segundo tiempo, Scaloni realizó la primera variante: Thiago Almada, ovacionado, dejó su lugar a Giovanni Simeone. Y en su primera intervención, el “Cholito” no perdonó. Tagliafico filtró un pase preciso al área, Álvarez no pudo definir, pero el rebote le quedó a Simeone, quien con un potente remate sentenció el 4 a 1 definitivo. El gol desató una nueva explosión de euforia en el estadio y permitió a Scaloni realizar más modificaciones: Facundo Medina y Nicolás Paz ingresaron por Tagliafico y Mac Allister. Paz se ubicó por la derecha, mientras Simeone se desplazó hacia el otro costado.
Los últimos cambios llegaron con los ingresos de Ángel Correa y Ezequiel Palacios en lugar de Álvarez y Leandro Paredes, quien estuvo a punto de anotar con un disparo de media distancia que Bento desactivó con una gran atajada.
Nadie quería abandonar el Monumental. La hinchada disfrutaba de una victoria que combinó eficacia, belleza y contundencia. El equipo argentino no solo ganó, sino que humilló futbolísticamente a su histórico rival. Raphinha había asegurado en la previa que Brasil le daría una “paliza” a Argentina. La realidad demostró lo contrario. Y de manera categórica.
El fútbol tiene espacio para la belleza, y Argentina lo confirmó con una actuación memorable. Un partido que quedará en el recuerdo por mucho tiempo. Inolvidable.